La Segadora
Me levanto de un salto. El cuero de mi silla protesta. Mi escritorio se vuelve demasiado estrecho para contener lo que me habita.
Esta necesidad. Este fuego.
Este deseo de poseerla hasta el vértigo.
Anna.
Ella está en todas partes. En cada rincón de mis pensamientos, en cada respiración.
Y este pensamiento de que otro podría rozar su piel, recoger lo que yo ansío... me arranca de mí mismo.
Cruzo el casino como una bestia que nunca han logrado domar.
La luz, las risas, los va