Sibelle
De acuerdo, señor.
Sigo avanzando, siento su mirada lasciva sobre mi trasero. Llegamos a su oficina, se sienta en su silla, y abre sus cajones para sacar sus documentos, que lee un poco antes de guardarlos en su archivador.
- ¿Cuándo puedo llamar a mi familia?
- Mañana.
- ¿Por qué no hoy? Han pasado días desde que hablé con mi familia.
- He dicho mañana, no me gusta que me contradigan.
- Bien, señor.
¿Qué más puedo decir? ¡Nada!
Para no enojarlo, prefiero quedarme callada.
Después de re