Anna
El espejo me devuelve una imagen que no reconozco.
Un reflejo destrozado.
Pelo deshecho. Mejilla roja. Labios temblorosos.
Parezco una mujer que ha perdido.
Pero en el fondo de mí, algo sigue gritando.
Y de repente, ese dolor.
Sordo. Inesperado. Cortante.
Me atraviesa el vientre como una mano invisible que buscara arrancar lo que escondo dentro.
Me doblo, ahogo un grito. Mis dedos se crispan sobre el borde del lavabo.
— No, no, no...
La palabra sale sola.
No la pienso.
Es una plegaria. Una