En cuanto me vieron, comenzaron a bromear con Matías.
—¡Oye! ¡Por fin te decidiste a traer a tu novia!
—¡Antes la tenías bien escondida!
Uno de los más atrevidos me extendió la mano directamente, sonriendo de oreja a oreja: —¡Mucho gusto!
Al segundo siguiente, Matías le apartó la mano de un manotazo y lo empujó gritando: —¡Qué va! ¡No digan tonterías! ¡Todavía no la he conquistado!
Matías se divirtió con sus amigos, aunque sus ojos siempre regresaban a mí. Nunca había sentido un ambiente tan cál