Jamás me imaginé que me pediría matrimonio así. Me quedé helada, como si el tiempo se hubiera detenido, viendo la cara de nervios que tenía Matías.
Se mordía los labios con fuerza, como si hubiera tomado la decisión más importante de su vida. Por más asustado que estuviera, se las arregló para decir lo que tenía que decir.
Bajo su mirada ansiosa, asentí despacio y susurré: —Sí.
Esa simple palabra me costó toda mi energía.
Una vez que acepté, me tranquilicé y empecé a imaginar nuestro futuro.
De