Dos guardias avanzaron discretamente hacia una esquina del salón, donde una silueta se movía entre los presentes. Nadie más pareció notarlo. Solo yo, desde la tarima, pude verlo. Por un instante, el corazón me dio un vuelco. ¿Era Ingrid? la garganta se me secó.
Gracias al cielo. Estaba errónea.
Las luces jugaron una mala pasada. Era un hombre, sostenía una cámara entre las manos. Un periodista, seguramente.
El sujeto intentó escabullirse, pero los guardias lo interceptaron sin armar mayor