—¿Los oficiales? —repitió Leo neutro, aunque su ceño no se relajó.
—Sí, ellos mismo. Solicitan hablar con ustedes. Están en la entrada. ¿Desea que los haga pasar?
Leo intercambió una mirada rápida conmigo.
—Hazlos pasar. Los recibiremos en un momento.
Marta asintió y desapareció tras la puerta. Leo resopló, pasando una mano por su rostro. Yo seguía sobre la mesa, el corazón latiendo un poco más rápido.
—¿Crees que tenga que ver con mi madre? ¿O con lo de mis tíos de nuevo? —le pregunté asus