Me puse en cuclillas para recoger el frasco.
—Nada... creo que simplemente andaba con la cabeza en otro lado —hice todo lo posible para sonar ligera—. ¿Ya terminaste con la pintura renacentista?
Leo se agachó conmigo, ayudó a recoger el reguero de crema esparcida, colocando el frasco sobre el tocador, comentó:
—Creo que la tendré lista para el viernes en la mañana.
—Eso suena bien —susurré.
Él fijó los ojos en los míos un momento más. Antes de depositar un beso sobre mi frente.
Se irguió