Mundo de ficçãoIniciar sessão—¡Ivar! ¡Qué gusto verte! —exclamó la esposa del gobernador, abrazando al CEO con fuerza y dejando su labial rojo marcado en su mejilla.
La mujer era muy joven para ser la esposa de un hombre tan viejo y poderoso, y no disimulaba derretirse en deseo por Ivar, aunque parecía que a su esposo no le importaba.
—Vimos l







