Pero cuando Maya lo miró de nuevo con sus ojos pequeños y ansiosos, se dio cuenta de que ya había ido demasiado lejos.
—Maya —Ares la llamó, tocando su rostro con su mano siempre ansiosa sobre su piel, y luego la besó en la frente, dejando que el olor a fruta del cabello oscuro invadiera sus sentidos antes de besar la mejilla que tanto amaba y finalmente deslizar sus labios hacia la oreja de una Maya afectado por todos esos toques.
Casi se rindió cuando sintió las pequeñas manos aferrándose a s