Con una gran sonrisa, vio a Maya alejarse y tomar su propia mochila antes de dirigirse al baño, y luego volvió su mirada hacia Elizabeth, quien observaba todo en silencio, con una sonrisa divertida en sus labios.
—¿Ha venido adiestrada así? —Preguntó Elizabeth, después de creer que ella ya había entrado al baño.
—No te metas con Maya. No la traje aquí para que sea víctima de tu humor. —Advirtió Ares, cansado.
—Ah, qué dom tan protector… —Insistió Elizabeth, sentándose a su lado, aún con la sonr