Ares luego sonrió, tan aliviado que casi dejó escapar un suspiro inoportuno, y luego la mano que estaba en la barbilla de la chica subió por su mejilla, acariciándola con cuidado.
—Prepara una maleta pequeña, solo para hoy y mañana. —dijo, con voz tranquila, dejando que cada pequeña parte de su cuerpo se dejara llevar por la inexplicable sensación que solo provocaba la presencia de Maya.
—Te espero en el auto.
Luego vio Maya correr hacia la casa, ansiosa, y aunque dijo que esperaría afuera, Are