—No estés triste.
Suspiró y se tomó un tiempo para volverse un poco hacia atrás, solo para sostenerme por los brazos y tirar de mí para que me sentara en su regazo. Luego me abrazó de vuelta, con mi cuerpo un poco torpe en sus piernas, pero sin que nos importara.
Dejé que Ares mantuviera su cabeza escondida en mi cuello y esperé hasta que se sintiera mejor o me hablara.
—Tuvo que renunciar a su propia familia porque no pude solucionar las cosas. —Ares dijo, de repente, en voz baja como si estuv