Ares me tiró del cinturón, haciéndome arrodillarme de nuevo y, antes de que entendiera lo que iba a hacer, su boca encontró la mía y me besó. Fue un beso caliente, desesperado y un poco torpe, pero encajó muy bien.
—Me vuelves loco, Maya.
Suspiré, alcanzando su boca de nuevo en completa necesidad después de escuchar su confesión. Entonces la mano de Ares que estaba en mi cabeza bajó y me hizo pararme, forzando nuestros labios a separarse, pero acercándose para besar mi abdomen.
Dejé que mi cabe