Me incliné para besar sus labios, sintiendo el frío de su boca, y acaricié sus cabellos mojados en la nuca mientras nuestras narices se rozaban en un gesto lleno de cariño.
Pareció dudar un poco cuando llevó sus manos a mi cintura, pero me abrazó con fuerza cuando las apoyó sobre mi ropa mojada.
—Si te espero… —Preguntó mirándome con los ojos llenos de expectación. —Si te espero, ¿realmente lo harás?
—No mentí cuando dije que te amo, Ares. —Respondí, acariciando su mejilla. —Y no me rendiré con