Bruno se rió, asintiendo. —Gracias, May.
Después de gesticular un adiós a sus padres, finalmente volví al lado de Ares y, a solas con él, me deshice de la sonrisa que me obligué a mostrar a mis amigos y suspiré preocupada.
—¿Te vas a quedar aquí en Málaga? —Le pregunté, cruzando los brazos mientras me cubría las manos con las mangas de mi abrigo, tratando de protegerlas del frío.
—Pasaré la noche, —Respondió, mirándome con una discreta incomodidad que pude reconocer. —pero necesito regresar a M