— Que ese idiota no soy yo — La voz grave de Don Darío tenía una fuerza que le erizó la piel — Afortunadamente dejó lo mejor que tenía en tus manos. Ahora yo los cuidaré y protegeré. No te dejaré ir —
Korina soltó una risa nerviosa, y él, aprovechando su vulnerabilidad, volvió a besarla. La hacía reír y, a la vez, temblar de emoción.
Pero pronto la sonrisa de ella se desdibujó con una preocupación que la acompañaba desde siempre — Don Darío… me preocupa tu grupo social. Seguro me van a destrui