— Hazlo —
Korina lo miró seria, queriendo ver, aunque fuera una mínima grieta en su seguridad y él estaba como si nada — No quiero este anillo… quiero uno a mi gusto —
— Está bien, amor. El que te haga feliz —
— ¿Aunque salga más caro de cuarenta mil dólares? —
— Sí. El tuyo me salió en sesenta mil… y no me duele, porque es para la mujer que más amo —
Korina se quedó helada. Miró el anillo en su dedo, con una mezcla de incredulidad y frío recorriéndole el cuerpo — No te creo… — Susurró, pálida.