— ¡Escúchame bien, Korina! — Sus palabras fueron profundas, ardientes — Que se rían, que inventen, que murmuren. Yo no voy a dejar que nadie te arrastre. Nadie toca a mi esposa, ¿Me escuchas?. Nadie —
Un silencio tenso llenó la habitación. Ella lo miraba, entre asustada y conmovida.
Korina respiró hondo, como tomando fuerzas — Darío… hay algo más. Quiero terminar mi carrera de fisioterapia. Es lo que siempre he soñado —
Él la miró fijo, con esos ojos oscuros que parecían leerle el alma. En lu