— Está bien… pero necesito las toallas ya — Replicó ella, intentando mantener la calma.
Darío abrió una gaveta, buscó con torpeza y sacó un paquete de toallas. Se las entregó en el tocador, con un gesto incómodo. Ella estaba pálida, y el dolor se reflejaba en sus ojos.
— ¿Quieres una de esas pastillas que ayudan con el dolor? — Preguntó, más suave, intentando mostrar cuidado.
— Sí, si me las puedes dar, te lo agradezco —
— Mi amor… no te pongas así — Murmuró él, dolido al verla tan débil.
Korin