A tres meses de embarazada Korina había cambiado sin pedir permiso. Estaba más lenta, más consentida, más perezosa… y no se disculpaba por ello. Se apoyaba en Don Darío al caminar, le hablaba con una dulzura exagerada solo para provocarlo, y sonreía sabiendo que esa versión suya lo desarmaba más que cualquier amenaza externa.
—Daríii… — Le decía a veces, alargando las palabras— ¿Puedes venir un momento?—
Y él, gruñendo por dentro, siempre iba.
Esa noche, sin embargo, Don Darío llegó al casino v