Korina caminaba despacio a su lado cuando salieron del consultorio. No dijo nada al principio. Solo apretó la mano de Darío un poco más fuerte, como si necesitara asegurarse de que ese momento era real.
—Gracias por acompañarme — Dijo al fin, con la voz suave— No sabes lo importante que es para mí, esto es demasiado símbolo y apreciado para mí cariño —
Darío la miró de reojo.
—Nunca fue una opción no estar, quiero que mis bebés sienta que estoy para él o ella, lo que sea me hará demasiado feliz —
Ella sonrió, pero en sus ojos había algo más profundo.
—Cuando estaba embarazada de Lían… —Hizo una pausa breve, recordando esos tiempos atrás y tan diferentes a los de ahora — Antonio no vino a ninguno de los controles, ni siquiera preguntaba. Siempre decía que era por trabajo. Yo le creí… porque quería creerle —
Darío no dijo nada. Escuchaba y odio eso, sabía de las miles de ausencia de su propio padre y eso no lo quería repetir.
—Y luego — Continuó— Cuando me quedé sola con Lían, con apen