— ¿Y qué esperabas, Miguel? — Espetó con veneno — Ese maldito nos arrebató todo, incluso el respeto de los que nos conocían. ¿Cómo piensas que voy a olvidar lo que esa mujer me hizo? —
Yerlin, más fría, pero con la mirada llena de rencor, añadió: — Desde que nuestro abuelo murió y Darío nos cerró los negocios, lo único que hemos hecho es perder. Perdimos la mansión, la reputación… ahora trabajamos como cualquier empleada común. ¿Te das cuenta de la humillación?, ¡Nosotras, Yerlin y Katty, reduc