Él apretó la mandíbula, pero después, con un suspiro, bajó la intensidad de su mirada. Le acarició la barbilla con el pulgar y, con voz más baja, le dijo: — Eres demasiado buena, y eso me preocupa. Pero si decides algo, yo estaré cerca para que nadie te lastime… ni siquiera ella —
Korina lo miró, con el corazón latiendo fuerte — Entonces confía en mí, igual que yo confío en ti —
Darío sonrió, resignado, y la besó en los labios con fuerza — Está bien… pero recuerda: Si esa mujer te falla una