Korina respiró profundo, todavía con el corazón acelerado por la tensión del momento y esa decisión que tomo — No lo hice por ellos, Darío. Lo hice porque no pienso permitir que nadie me subestime jamás —
Él la tomó de la cintura, orgulloso, y besándola le respondió con voz baja y grave: — Ese es el fuego que me enamoró. Y por ese fuego, amor mío, el mundo aprenderá a respetarte —
Korina comenzó a jugar con su corbata y puso una leve sonrisa — Que te parece si salimos un rato —
Con una sonrisa