Freddy, en un arranque impulsivo, se inclinó y le robó un beso. Korina reaccionó de inmediato: Lo apartó bruscamente y, frente a todos los presentes, le dio una cachetada.
— Te dije que no me interesa — Guardó sus cosas con rapidez y salió indignada, caminando hacia la parada de buses.
Freddy, avergonzado, corrió detrás de ella. Pero antes de alcanzarla, dos hombres se interpusieron en su camino.
— Escucha bien — Dijo uno, sujetándolo por el cuello de la camisa — Vuelves a besar a mi prometida, y te arranco de este mundo —
— ¿Prometida? — Balbuceó Freddy, pálido.
— Ella es mía. Desaparece… o me encargaré de que tu vida entera se vuelva un infierno y no juego —
Con un empujón, lo lanzaron contra el suelo y se marcharon sin volver la vista. Freddy comprendió de inmediato que lo mejor era desistir.
Korina, mientras tanto, regresó a casa con el ceño fruncido, los pasos duros y el corazón acelerado.
— ¿Cómo te fue, hija? — Preguntó Maritza al verla entrar.
— Bien —
— No parece que