Don Darío apretó la mandíbula, serio, sin un atisbo de broma — No sé cómo… pero la vamos a recuperar —
Farid, aún con el desorden de su oficina revolviéndole el estómago, levantó la mano y al fin hablo — Marvin, no es necesario que renuncies —
Marvin soltó una risa breve, amarga — ¡Oh, no!. Claro que sí. Ya tengo otro trabajo. Al igual que Korina, necesito salir de este lugar y trabajar en lo que realmente me gusta. Solo espero, a diferencia de aquí, disfrutar de lo que amo —
Y sin más, salió del casino. El eco de sus pasos se fue perdiendo en el pasillo. Farid permaneció quieto, con una incomodidad que le pesaba como un ancla. Sentía que no solo Marvin se alejaba… sino también una parte de lo que sostenía la estructura que tanto se empeñaba en mantener en orden.
— Farid, manda a realizar pronto la remodelación. Solo tenemos dos meses para el cambio principal en este casino, después iremos por los demás, pero acá es importante que empiecen — Dijo Don Darío, con voz firme, mientras