Don Darío apretó la mandíbula, serio, sin un atisbo de broma — No sé cómo… pero la vamos a recuperar —
Farid, aún con el desorden de su oficina revolviéndole el estómago, levantó la mano y al fin hablo — Marvin, no es necesario que renuncies —
Marvin soltó una risa breve, amarga — ¡Oh, no!. Claro que sí. Ya tengo otro trabajo. Al igual que Korina, necesito salir de este lugar y trabajar en lo que realmente me gusta. Solo espero, a diferencia de aquí, disfrutar de lo que amo —
Y sin más, salió