Darío la rodeó con sus brazos, apoyándola contra su pecho — No es convencer, amor. Es que poco a poco vas aceptando lo que siempre hemos sido: Tú y yo, juntos —
Korina suspiró, pero esta vez sin resistencia. Se dejó besar, sintiendo que aquella promesa de un futuro juntos estaba cada vez más cerca de convertirse en realidad.
Unos días después el vestido colgaba perfectamente sobre su figura, un blanco suave con destellos en la falda. Korina había insistido en que nadie, ni siquiera Darío, entr