Korina respiró hondo. Una parte de ella quería gritar, otra quería abrazar. Su voz salió entrecortada, pero firme: — Me duele, mamá. Me marcó. Pero si voy a seguir adelante, necesito perdonarte… aunque no olvide —
Maritza le tomó el rostro, con lágrimas contenidas — Eso es todo lo que necesito, hija. Que sepas que nunca dejaste de ser mi prioridad —
Korina cerró los ojos un instante y, con la voz quebrada, murmuró: — Entonces acompáñame en esta nueva vida. Porque ya no soy la niña que dejaste, mamá. Soy la mujer que decidió casarse con Darío —
Darío, observando la escena, se mantuvo firme detrás de Korina, apoyándola en silencio, con la mano en su hombro.
Las invitaciones ya habían sido enviadas. Eran sobres elegantes, con detalles en dorado y un sello especial con las iniciales D & K. En la mansión, las criadas pasaban dejando algunas en manos de mensajeros, mientras Korina observaba el proceso desde la ventana.
Más tarde, mientras Lían jugaba en el jardín con Samanta, Korina ent