El sujeto se atrevió a rozar el rostro de Korina. Ella se rio fuerte y apartó su mano — No me toques. Yo solo quiero divertirme hoy y… — Giró hacia Don Darío con una mirada de desprecio — Contigo no me apetece. Marvin, regresemos a la pista —
Marvin tragó saliva, incómodo, deseando desaparecer al sentir la mirada asesina de Don Darío clavada en él.
— ¡Basta! — Tronó Darío, y de un tirón tomó la mano.
Ella, ebria y desafiante, lo empujó con ambas manos — ¡Hueles horrible!, ¡Qué asco! ¡Aléjate!, ¡Contigo no quiero estar! —
El corazón de Don Darío se contrajo con la rabia — ¡Malcriada! — Espetó, y sin más la levantó en brazos.
Korina pataleaba, exigiendo que la bajara, golpeándolo con los puños cerrados mientras él la llevaba hacia la salida.
Los hombres intentaron interponerse, pero Marvin y Farid se adelantaron, bloqueando el paso con una seguridad intimidante.
— ¿Acaso no ven cómo se la lleva? — Gritó uno de ellos.
Farid sonrió con ironía, acomodándose el saco — Es su marido —