El sujeto se atrevió a rozar el rostro de Korina. Ella se rio fuerte y apartó su mano — No me toques. Yo solo quiero divertirme hoy y… — Giró hacia Don Darío con una mirada de desprecio — Contigo no me apetece. Marvin, regresemos a la pista —
Marvin tragó saliva, incómodo, deseando desaparecer al sentir la mirada asesina de Don Darío clavada en él.
— ¡Basta! — Tronó Darío, y de un tirón tomó la mano.
Ella, ebria y desafiante, lo empujó con ambas manos — ¡Hueles horrible!, ¡Qué asco! ¡Aléjate!