Ella suspiró — No lo haré. Solo salí porque usted se había ido y… me aburrí. Llevé a Marvin, nada más —
— Eso lo hablaremos después. Pero no lo repitas, y menos sin avisar. Me preocupé demasiado —
— Necesitaba tiempo — Contestó seca, girando el rostro hacia la pared.
La frase le golpeó más que cualquier reproche. Don Darío la sintió distante, como si su abrazo no alcanzara. Y allí, mordiéndose la lengua, nació la necesidad de justificarse… aunque supiera que las excusas ya no bastaban.
— No