— Buenas, ¿Qué necesita? — Preguntó la estilista.
— Quiero teñir el cabello con una cortina en amarillo. También que lo corten hasta los hombros —
La mujer del salón abrió los ojos sorprendida — Su cabello es largo… es una lástima, está muy bien cuidado —
— Igual, corte el cabello — Dijo Korina, firme, como si esa decisión fuera parte de su renacer.
Las tijeras comenzaron a deslizarse. Con cada mechón que caía, Korina sentía que se desprendía de una vida entera, de la mujer que todos conocía