El día de ayer estaba completamente entregado a querer estar dentro de ella y se estaba volviendo loco al saber que no fue posible. Esperaba recuperar ese momento en cuanto despertará y ahora le dice que no es posible que vuelva a ocurrir.
— Agradezco el trabajo y soy tu dama de compañía, más no pienso ser una mujer como las que acostumbras a estar y ya. Agrega que yo en cuanto pueda terminar de estudiar y logre conseguir un trabajo acorde a eso me estaré retirando —
— ¿Sabes cuáles son las mujeres con las que me gusta estar? — Repitió Don Darío, su voz grave y firme, con un dejo de enojo contenido.
Korina lo miró a los ojos, tratando de sostener la intensidad de su mirada. Había un torbellino en su interior: Nervios, miedo a equivocarse, y al mismo tiempo esa atracción imposible de ocultar.
— Las fáciles… las que no tienen nada que perder — Dijo ella con un hilo de voz, aunque en su interior sabía que lo estaba provocando.
Darío apretó un poco más el brazo con el que la sostenía,