Korina terminó de enjuagarse la boca y dejó el cepillo sobre el lavamanos. Alzó la vista al espejo y vio reflejado a Don Darío apoyado en la pared, mirándola con paciencia, como si no pudiera entender la dureza de sus palabras.
— Mi amor, vamos a caminar — Insistió con voz baja.
— No quiero — Ella lo miró a través del espejo, sin girarse — Me dijiste que si comía me dejarías en paz. Ni siquiera puedes cumplir con algo tan sencillo. ¿De verdad crees que así voy a querer regresar contigo?. Hazte