Suspirando, él intentó tomar su mano. Ella, con un movimiento brusco, la apartó, como si su toque le quemara.
— Mi amor, te amo… y quiero que me perdones por no cuidar bien el momento, por no proteger más mi posición estando contigo —
— ¿Y si te perdono ya me dejarás ir? —
— No. No te dejaré ir… y si tengo que vivir con tu desprecio, lo haré —
El corazón de Korina latía con fuerza. Sus labios temblaban, pero no de miedo, sino de furia contenida.
— Don Darío, yo ya no quiero estar contigo. E