Suspirando, él intentó tomar su mano. Ella, con un movimiento brusco, la apartó, como si su toque le quemara.
— Mi amor, te amo… y quiero que me perdones por no cuidar bien el momento, por no proteger más mi posición estando contigo —
— ¿Y si te perdono ya me dejarás ir? —
— No. No te dejaré ir… y si tengo que vivir con tu desprecio, lo haré —
El corazón de Korina latía con fuerza. Sus labios temblaban, pero no de miedo, sino de furia contenida.
— Don Darío, yo ya no quiero estar contigo. Entiendo que tal vez fue una trampa o no, pero nadie te obligó. Tú tomaste tu decisión. Yo ya tengo otros planes. Mi único interés es Lían, junto a mi familia —
Él, inclinado frente a ella, no parecía importarle estar humillado. Su voz sonó casi quebrada: — Mi amor, no digas eso. Sé que me amas como yo te amo. Podemos superar esta situación. Yo creo en nuestro amor y no dejaré que te vayas de mi lado otra vez —
— Lo lamento. Yo no creo. Ya no quiero estar contigo. Ojalá algún día lo entiendas —