A pesar de las advertencias de los celestiales, he decidido desprenderme de la responsabilidad de haber descubierto la existencia tangible de estos seres divinos.
Deseo volver a mi antigua vida, que, aunque monótona, era tranquila. No conocía de demonios ni de ángeles; solo de mis responsabilidades y de la banalidad humana.
Cierro la puerta de aquel lugar que, visto desde fuera, nadie imaginaría que es la morada de un ser divino.
De pronto, siento una mirada que me atraviesa la espalda. Es