Quité mi mano del agarre de Alfa Martín y caminé directo a la habitación, protestando en silencio.
La habitación daba al océano: por la ventana se extendía una vista hermosa del mar.
Alfa Martín vino detrás de mí y rodeó suavemente mi cintura con los brazos.
—Simona —susurró, su aliento rozando mi oído—. Recuerdo que amas el mar. Reservé esta habitación solo para ti. Apenas abras los ojos, verás el profundo océano azul.
Toda mi espalda se tensó. Ese dolor amargo en mi pecho resurgió y me domin