No me vi con mi equipo hasta la hora del almuerzo. Los envidié porque recién se habían despertado y recordé cómo era la vida sin hijos, cuando dormir hasta la hora que quisieras era una opción, y no un lujo. No pasó mucho antes de que les contara mi reciente preocupación.
—¿Entonces no sabes qué historia inventó sobre ti? —preguntó Teressa cuando terminé de contarles.
—Así es. Estoy a ciegas, porque no sé qué chisme fue el que regó, o está esparciendo, sobre mí —respondí mientras pasaba el tene