El “no” de Blanche no fue un grito.
Fue peor.
Seco. Bajo. Definitivo.
—No.
Ni siquiera se había movido. Permanecía de pie, con los brazos relajados a los lados del cuerpo, como si aquella palabra no necesitara acompañamiento alguno.
Valeria sostuvo su mirada sin parpadear. Sofía, en cambio, sintió que el suelo se desplazaba un centímetro bajo sus pies.
—No —repitió Blanche—. Y no entiendo cómo has podido traerla aquí.
Esta vez sí se movió. Un paso lento, calculado, hacia Sofía. No con vi