La mujer dio dos pasos hacia adelante, fluyendo entre los invitados como una sombra que por fin había decidido cruzar un límite. Sus ojos estaban fijos en Valeria. En su hija.
Pero entonces… se detuvo.
Un hombre surgió entre la multitud con un andar firme, seguro, demasiado reconocible: Salvador Reverte.
El mismo hombre del que ella llevaba años escondiéndose.
La respiración de la mujer se quebró en un instante. Sus dedos se crisparon alrededor de la cartera que sostenía y, como si hubiera r