La cámara rodaba, pero Alba solo tenía ojos para Ernesto. Sus cuerpos estaban peligrosamente cerca, respirando el mismo aire, rozándose en cada movimiento coreografiado con una tensión que traspasaba la pantalla. El guion pedía deseo contenido, pero lo que había en el ambiente era puro fuego, y ella estaba dando lo mejor de sí solo por la emoción de volver a las pantallas.
—Tienes que dejarme ir, sé que me deseas —susurró ella, con voz temblorosa, justo antes de que Ernesto la tomara por la cin