La mesa estaba servida, la iluminación cálida del restaurante contrastaba con el hielo que flotaba en el ambiente familiar mientras el murmullo de los niños jugando un poco lejos era el único sonido entre todos ellos.Massimo había intentado organizar aquella cena por obligar a Alba a irse con él, para que no hiciera ningún plan con Ernesto y quizás, en el fondo, como una tregua. Pero apenas llevaban treinta minutos sentados en completo silencio mientras la tención les rodeaba.
—Mamá —dijo Fabri