Kelly quedó con expresión confusa ante las palabras de Roberto. Solo podía pensar que estaba exagerando y que los temores que, de a poco, afloraban en su pecho no eran ciertos.
Intentaba creer que él solo buscaba, de una manera extraña, distraerla y lograr que se sintiera “suelta” ante esa mansión apabullante, ¿no?
Nadie podría hablar de su jefe comparándolo con un lobo o con el peligroso de la película.
—¿Qué? No me mires así, cariño.
—Dices cosas extrañas…
—No estoy seguro, pero creo que no