Kelly quedó con expresión confusa ante las palabras de Roberto. Solo podía pensar que estaba exagerando y que los temores que, de a poco, afloraban en su pecho no eran ciertos.
Intentaba creer que él solo buscaba, de una manera extraña, distraerla y lograr que se sintiera “suelta” ante esa mansión apabullante, ¿no?
Nadie podría hablar de su jefe comparándolo con un lobo o con el peligroso de la película.
—¿Qué? No me mires así, cariño.
—Dices cosas extrañas…
—No estoy seguro, pero creo que no ves lo hermosa que eres de pies a cabeza. Puedo ver qué es lo que Valentino vio en ti, además de una belleza dorada y divina.
—Sigo pensando que exageras, Roberto. Nada será para siempre.
—Mi querida, quizás seas lo que pienso, pero yo no nací ayer. Conozco a Valentino desde hace años.
—¿Y qué es lo que piensas?
—Todo a su tiempo, amore. Sigamos el recorrido o tu hermano terminará por echar raíces en esa costosa alfombra, y no lo puedo permitir —dijo, mirando al niño con los ojos tan abiertos c