LVIII B

—Gracias, Roberto. Sé que cambiará pronto de opinión.

—No te preocupes por ello. Todo esto es para que usen como y cuando quieran —aseguró el hombre con una gran sonrisa—. Ven, niña. Es tu turno. Lo que vas a ver es la habitación digna de una diosa como tú y para que lo compartas con ese hombre tan ardiente.

—Killian puede oírte, Roberto. Y ya te dije que esto es temporal, nada de lo que piensas va a suceder.

Roberto estiró el cuello para asegurarse que Killian seguía tan atrapado en observar c
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