—Gracias, Roberto. Sé que cambiará pronto de opinión.
—No te preocupes por ello. Todo esto es para que usen como y cuando quieran —aseguró el hombre con una gran sonrisa—. Ven, niña. Es tu turno. Lo que vas a ver es la habitación digna de una diosa como tú y para que lo compartas con ese hombre tan ardiente.
—Killian puede oírte, Roberto. Y ya te dije que esto es temporal, nada de lo que piensas va a suceder.
Roberto estiró el cuello para asegurarse que Killian seguía tan atrapado en observar c