Inaya llegó al hospital y Baram se mostró feliz al verla.
—Toma asiento —dijo.
Ella se sentó frente a él, separados por el escritorio.
—Gracias por considerarme, profesor Baram.
—Baram, por favor. Solo llámame Baram, ya no soy tu profesor.
—Bien, Baram. ¿De verdad me darás trabajo?
Él sonrió.
—Sí. Trabajarás con los doctores que realizan su servicio social y sus prácticas. Me ayudarás a supervisar y revisar su trabajo.
Ella estaba emocionada. Baram se levantó y apoyó las manos sobre sus hombros.