Malik se giró lentamente.
Sus ojos se encontraron con los de Miran y, durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.
La mirada de Malik era feroz. Pero entonces comenzó a reír.
No fue una risa de alegría.
Fue una carcajada fría, amarga, cargada de desprecio.
Miran sintió un escalofrío.
—¿De verdad crees que voy a creerte?
—Malik...
—¿Crees que después de todo lo que ocurrió voy a aceptar esa historia?
Miran dio un paso hacia él.
—Te estoy diciendo la verdad.
Malik negó lentamente