Malik permaneció inmóvil frente a Phillip. Nunca había visto aquella expresión en el rostro de su padrino.
Siempre había sido un hombre firme, justo y protector, pero esa mañana había algo diferente en sus ojos: una ira silenciosa nacida del dolor.
No era el enojo de un hombre orgulloso, sino el de un padre que creía que la honra de su hija había sido puesta en entredicho.
El ambiente en la habitación era sofocante.
Nadie se atrevía a romper el silencio.
Inaya seguía de rodillas, con las lágrima