Al día siguiente, Malik llegó muy temprano a la empresa. Como cada mañana, el edificio corporativo bullía de actividad. Los empleados caminaban con rapidez por los pasillos, las asistentes organizaban reuniones y los teléfonos no dejaban de sonar. Todo funcionaba con la precisión de un reloj.
Sin embargo, para Malik, aquel lugar parecía completamente distinto.
Entró a su despacho con el rostro serio y el corazón pesado. Dejó el portafolio sobre el escritorio, aflojó el nudo de la corbata y se qu