En el hospital, el ambiente era sofocante.
El olor a desinfectante, las luces blancas y el sonido constante de los monitores hacían que todo pareciera todavía más frío.
Omar permanecía de pie frente a las puertas de urgencias sin apartar la mirada de ellas.
Nayla había sido llevada minutos antes en una camilla, llorando, temblando, suplicando que salvaran a su bebé.
Y aun así…
La mente de Omar seguía regresando a otro lugar.
A otra persona. A Samyra.
“No…”
Cerró los ojos apenas un instante.
“Ell