—Abuelo, no puedes permitir que Samyra siga manipulando a la familia a su conveniencia —sentenció Nassira con frialdad—. Mi hermano jamás habría querido una segunda esposa si ella realmente lo hiciera feliz. Además… Samyra nunca le ha dado un hijo.
El silencio cayó de golpe sobre el pasillo del hospital.
Las palabras fueron crueles. Demasiado crueles.
Mohamed levantó la vista con sorpresa. Incluso Anur pareció incómodo por un instante.
La abuela abrió los ojos horrorizada.
—¡Nassira!
El abuelo A